Le Corbusier fue uno de los más grandes exponentes de la arquitectura moderna y su lugar entre los arquitectos más influyentes del siglo pasado es indiscutible. La Villa Saboya (en francés, Villa Savoye) es una casa de campo ubicada en Poissy, una zona de las afueras de París, y es considerada como uno de los hitos de la arquitectura del siglo XX.

En esta obra, Le Corbusier concretó lo que llamó los cinco puntos para una nueva arquitectura, mismos que consistían en lo siguiente:

  • El edificio descansa sobre columnas en planta baja, dejando la superficie en su mayoría libre para permitir que el paisaje se independice del edificio.
  • Se cuenta con una cubierta plana, sobre la que se sitúa un jardín.
  • El espacio interior libre, debido a la estructura basada en pilares y tabiques.
  • Fachada libre de elementos estructurales, de forma que puede diseñarse sin condicionamientos.
  • Ventanas que van a lo largo de las fachadas para conseguir una importante iluminación natural en el interior.

Concluida en 1929, la Villa Saboya fue concebida como una “máquina para ser habitada”, alejándose de los preceptos imperantes en la construcción de casas, Le Corbusier hace énfasis en construir la casa en torno a las necesidades de la vida diaria. La casa es entonces concebida como objeto que se posa sobre el paisaje de manera autónoma, planeada para lograr producir viviendas en serie.

En la planta baja de la casa es donde se posan las columnas que independizan a la casa del jardín, a la vez que permite la apertura desde prácticamente cualquier punto de la casa. El vidrio curvo del nivel inferior coincide con el radio de giro de los automóviles de la época, eso, además de contemplar espacio de estacionamiento para los vehículos, la convierte en una de las obras pioneras en la integración de diseños adaptados al automóvil. En el nivel superior, las habitaciones privadas se asoman a un centro abierto.

Ambos niveles, el inferior y el superior, se basan en la idea de una planta libre que provoca continuidad de los espacios. Recorrer esta casa es más dar un paseo arquitectónico, su diseño permite que el habitante o la persona que se mueve por sus espacios lo haga con fluidez.

En 1963 la Villa Saboya fue catalogada por el gobierno francés como patrimonio arquitectónico y desde 2006, junto con toda la obra de Le Corbusier, es considerada como Patrimonio de la Humanidad.

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