En los últimos años la tecnología en la arquitectura y dentro del hogar han tomado una gran relevancia. No cabe duda que la tecnología está presente en nuestro trabajo y en la forma en la que nos relacionamos con los demás, es por eso que de unos años para acá la tecnología aplicada a la vida dentro de nuestras casas ha ido ganando terreno.

Cada vez existe más interconexión digital de los objetos cotidianos con el internet, esto es conocido como el internet de las cosas y está cambiando la forma en la que se conciben conceptos tangibles como la forma en la que se construyen casas. La adaptabilidad ahora es una constante en los espacios y obras arquitectónicas, y es que son los espacios donde día con día utilizamos nuestras computadoras, tabletas o teléfonos inteligentes para trabajar o estar en contacto con los demás.

Se dice que la siguiente etapa de la modernidad urbana son las Ciudades Inteligentes, y el primer paso para ello se está dando ya en cientos de hogares, incluso en el de todos nosotros, quizá sin darnos cuenta. ¿Quién de nosotros no ha utilizado la alarma del teléfono para despertar a la hora adecuada?, ¿o qué tal haber pedido un pizza desde la computadora, preguntarle con voz a nuestro teléfono por la farmacia más cercana, hacer una transferencia bancaria desde nuestra tablet o llevar el registro de los kilómetros recorridos esta mañana desde tu reloj? Esto se queda corto comparado con la gama de productos tecnológicos para el hogar que encontramos. Hoy en día ya hay quienes regulan la temperatura de su hogar desde que están estacionando el coche, quienes encienden la cafetera antes de llegar a sus casas, quienes pueden observar a su bebé desde la computadora de su oficina, hacen que la iluminación de su casa cambie de intensidad y color con un comando de voz o que saben en qué lugar exacto de la ciudad está su mascota.

Esta ola de productos tecnológicos para el hogar ofrece un nuevo mercado y nuevas oportunidades. Lo beneficios serán aún mayores para los usuarios, pues estos productos permitirán un uso más inteligente de los recursos y un ahorro en la energía que consumen nuestras viviendas.

Lo que es una realidad es que no todos los hogares pueden dar el paso a ser un hogar tecnológico ni todas las personas pueden costear estos productos del internet de las cosas. Otro de los retos es hacer que las ciudades sean compatibles con estos elementos tecnológicos y que representan un beneficio para la mayor parte de sus habitantes posibles.

Sin duda hay todavía un tramo por recorrer pero una cosa es segura, dentro de algunos años la forma en que interactuamos con nuestro hogar se parecerá muy poco a como vivíamos en la casa donde pasamos nuestra infancia.

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