¿Cuál es el color de 2017?

Todo puede cambiar de un año a otro si de color se trata. Todavía no termina 2016 y los expertos en el tema ya dialogan sobre cuáles serán las tendencias en color durante 2017, cómo impactarán en el interiorismo. Por el momento, tres grandes fabricantes de pintura dieron a conocer ya cuáles, para ellos, será el color que domine el 2017.

Sherwin-Williams
Si estás cansado del dominio de los diferentes tonos de gris durante los últimos cinco años, estarás feliz de saber que Sherwin-Williams le dio un giro, aunque sin alejarse mucho de la tendencia de pasados años con la propuesta del Poised Taupe. “Este color celebra todo lo que la gente ama del gris como color neutral pero mezclado con un poco de la calidez del café, llevando el color a un nuevo nivel. No frío no cálido, no gris y tampoco café”, comenta Sue Wadden, directora de Marketing de Color en la compañía.

Olympic
La elección de Olympic es un violeta suave, el Cloudberry, “las tendencias de decoración interior para 2017 reflejan una urgencia en la sociedad de permanecer conectados, de crear un balance con lo establecido en nuestras casas y espacios”, señala Dee Schlotter, manager de Marketing de Color de PPG, quien agrega que el Cloudberry retrata los placeres de la vida diario, dando un impulso hacia la meditación, inspirando más concentración y menos estrés.

Benjamin Moore
De la luz a la oscuridad, el Shadow de Benjamin Moore es una oda a la realeza, con “maestría en ambiente”, de acuerdo a Ellen O’neil, directora creativa de la empresa de pinturas, quien agregó que es un color que llama al pasado pero también con un toque contemporáneo, una declaración de color-confianza.

Las opiniones son muy variadas pero los tonos no son tan diferentes entre sí, se mantienen cerca de los colores fríos, por lo que ponemos ir adivinando las tendencias que dominarán durante 2017

Casa Gamble. Las casas del siglo (2/26)

En los bosques de Pasadena, California, se levanta la majestuosa Casa Gamble, un ícono del estilo American Arts and Crafts que marcaría una tendencia que ha ido evolucionando y sigue teniendo una buena presencia en varias zonas boscosas de Estados Unidos.

En 1908, el matrimonio de David y Mary Gamble, herederos de una compañía farmacéutica que a la postre se convertiría en Procter & Gamble, encargaron a los hermanos Charles Sumner Greene y Henry Mather Greene la construcción de esta obra.

Las obras de los hermanos Greene destacan por sus espacios abiertos, patios y el aprovechamiento de las corrientes y la luz en los espacios de sus construcciones. La Casa Gamble además aporta elementos del American Arts and Crafts en sus decorados, faroles hechos por artesanos locales, paneles de madera entremezclados con herrería expuesta y azulejos artesanales, además del uso de diferentes maderas como roble, arce, cedro dan a los interiores y exteriores de esta casa un ambiente uniforme y agradable.

Su respeto e integración a la naturaleza se mezcla con elementos tecnológicos, pues desde su concepción la casa contaba con energía eléctrica. En su exterior, la casa de tres niveles se levanta sobre un pequeño podio con escalones que dan paso a una casa con elementos tradicionales de las casas de campo americanas pero con una gran influencia japonesa, las farolas y los vidrios artesanales muestran formas orgánicas a las que después los Greene recurrirían para otras de sus obras.

La Casa Gamble es actualmente un monumento arquitectónico estadounidense y está a cargo de la University of Southern California. Sin duda es una de las casas más relevantes del siglo pasado, no sólo por su armonía e integración con su entorno, sino también por integrar elementos tradicionales de diferentes partes del planeta, pero sobre todo por permanecer como un referente en el estilo de la arquitectura de campo norteamericana.

La Habana y el esplendor de una época

Toda ciudad importante en el mundo se gana su renombre después de atravesar diferentes etapas históricas, diferentes periodos que van desde su auge, su esplendor y a veces, porqué no, su decadencia. Cada una de estas etapas deja una marca profunda en la personalidad y el carácter de la ciudad. Además, si tomamos en cuenta los sucesos sociales, políticos, económicos y por supuesto las condiciones geográficas y naturales de la ciudad, tenemos como fruto la personalidad de estas grandes ciudades en el planeta.

La grandeza de una ciudad se reconoce en el grado de influencia e importancia que tenga en su región y en el mundo, pero sin duda la mejor forma de percibir el esplendor es al momento de recorrer sus calles. Es en la arquitectura donde se pueden apreciar las huellas incuestionables del tiempo, pero también del progreso, la modernidad y los efectos de la tecnología. No hay duda que las grandes capitales del mundo son lo que son respaldados por siglos de cambios, transformaciones y de la personalidad de su gente.

Cuando hablamos de arquitectura en las grandes ciudades del planeta tenemos muchos tipos ciudades, hay ciudades que han conservan el estilo de siglos y siglos de desarrollo, hay ciudades totalmente transformadas y modernas, o aquellas cuya tradición y modernidad conviven en sus edificaciones.

De entre la arquitectura de todas las grandes capitales del mundo, La Habana es un caso único e irrepetible, una fotografía del momento y situación histórica que marcó un antes y un después en la vida de toda una nación.

En el siglo XVI, a la par del nacimiento de las villas más importantes de la isla, se fue desarrollando la arquitectura colonial, de la que aún en muchas ciudades quedan fincas, quizá las más reconocidas de todas sean las fortalezas, castillos y fortificaciones defensivas que se extienden al final del malecón de La Habana. La capital fue una ciudad amurallada, dado que su posición estratégica la hacía atractiva para piratas, contrabandistas y el tráfico internacional marítimo. El estilo arquitectónico de la época es una interpretación y adaptación de los estilos moriscos e influencias árabes. Después, en el siglo XVII y XVIII la influencia barroca y religiosa comienza su auge en la capital.

Cuba fue un país importantísimo en el comercio y la economía de la región durante el siglo XIX, la producción de tabaco, ron, minerales, maderas, ganadería, así como la introducción y explotación del azúcar, le dieron a la isla un momento de auge económico importante, que se vio reflejado en el desarrollo de grandes ciudades y ciudades medias. En La Habana se empezaban a ver mansiones y edificaciones propiedad de los hacendados, construcciones de influencia europea, con techos altos y grandes jardines. El centro de la capital inicia entonces a tomar forma con la construcción de fincas de dos o tres plantas, donde abunda el estilo ecléctico en sus construcciones, tal como las grandes ciudades de la época.

A principios del siglo XX Cuba, recientemente independizado, vivía una serie de etapas turbulentas y un clima de incertidumbre político, lo que llevó a que la influencia estadounidense tomara control de la actividad económica, la producción e incluso las decisiones políticas cubanas. Este control que Estados Unidos ejerció se vio reflejado también en el estilo de vida y el desarrollo de la capital de La Habana, ciudad en la que se empezaron a establecer los grandes capitales, lujosas mansiones y donde también se reflejaron los excesos de la corrupción y el poder. Es muy bien sabido que La Habana durante un tiempo se ganó fama de ser la ciudad del juego y los excesos. Aún hoy se pueden ver en el Hotel Nacional de Cuba, de estilo neoclásico con influencias del llamado “colonial californiano” y construído en la década de los 30, fotografías de Frank Sinatra, Ava Gardner o Marlon Brando disfrutando del lujo de la vida nocturna.

Con la Revolución la situación cambió drásticamente, después de 1959 prácticamente las grandes construcciones se detuvieron, los desarrollos lujosos y los excesos de la vida nocturna que habían creado grandes fortunas ya no tenían la puerta abierta con el nuevo gobierno. De la década de los 40 y 50 quedaron construcciones con un estilo funcionalista, edificios de departamentos que aún se alzan en el panorama de la capital. Cerca del malecón todavía se asoman los edificios que alguna vez albergaron grandes hoteles o casinos, ahora convertidos en vivienda. Con excepción de algunas construcciones y monumentos, algunos con marcado estilo brutalista debido a la influencia soviética, casi nada ha cambiado el skyline de la ciudad. En la década de 1990 se autorizaron varias construcciones de índole turístico como el hotel Meliá Cohiba o el Panorama. El centro histórico de la Ciudad de La Habana fue declarado monumento nacional por el Gobierno Cubano en 1976 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982 y constantemente es objeto de restauraciones. El estado que guardan las construcciones, aunado a las inclemencias de estar en la costa, le da un tinte dramático al panorama, uno puede fácilmente imaginarse el esplendor de otras épocas y contrastarlo con la típica estampa que hoy ofrece este lugar, donde los niños, las mujeres y los hombres siguen dándole vida a una ciudad que como ninguna otra, nos regala una imagen única de una gran capital encapsulada en sus circunstancias. Una capital que vale la pena conocer.

Cuba, una cápsula en el tiempo ¿con los días contados?

En más de alguna ocasión hemos escuchado de boca de quienes la han visitado que estar en Cuba es como viajar a otra época y estar en otra realidad. Y es que para todos es conocido que las condiciones sociales, las políticas públicas y el modelo de gobierno de la isla son muy diferentes a las formas de organización más comunes, o mejor dicho, a las que estamos acostumbrados quienes vivimos en países como México.

El fenómeno de la globalización en buena medida nos ha generado un “estándar” para la forma en que vivimos, nos relacionamos e incluso para lo que consumimos; lejos de entrar al debate de lo buenos o malos que son estos modelos globalizados, conocer un país vecino cuya población completa vive una cotidianidad tan diferente a la nuestra es cuando menos impactante.

Mucho se ha escrito y debatido en las últimas décadas sobre el modelo de gobierno, la política, la economía y demás aspectos de Cuba. En esta ocasión no son directamente esos temas los que queremos tocar en este artículo. Desde hace ya varios meses se ha hablado mucho sobre una apertura y un “relajamiento” que está sucediendo o que sucederá pronto en este país, situaciones como la visita de Barack Obama o la reciente llegada del primer crucero turístico estadounidense a la isla en más de 40 años nos dejan ver una realidad que puede suceder más pronto de lo que pensábamos, un cambio radical en la vida diaria de los cubanos.

Todavía el día de hoy caminar por las calles de La Habana es como visitar una realidad alterna, pero en el mismo planeta y en nuestra misma época, a sólo un par de horas en avión están destinos del Caribe mexicano, con todas las comodidades, productos y servicios que hacen que un turista europeo no extrañe los hábitos de la ciudad donde vive. Los cubanos son nuestros contemporáneos pero poco parecen al momento de hablar de temas como el acceso a la tecnología. Los contrastes son evidentes, la población cubana cuenta con uno de los servicios de salud pública más completos del planeta pero a la vez ni siquiera el 5% de la población puede tener acceso a internet; prácticamente todos los cubanos tienen al menos estudios básicos y el índice de alfabetización es del 100% pero hasta hace apenas unos años era ilegal tener un smartphone. Por todo el país es común ver los muy conocidos coches antiguos, verdaderas reliquias, modelos de automóviles de la década de 1950 siendo usados como vehículos de uso diario, resulta casi imposible acceder a todo producto tecnológico e incluso a productos y alimentos que podemos encontrar en casi cualquier país de occidente.

Es esta realidad tan compleja la que tiene como consecuencia el fruto más exótico de la isla: su gente. Las calles de La Habana son quizá de las pocas grandes ciudades en el mundo donde todavía se puede disfrutar de una convivencia pura, y es que caminar por un barrio habitacional es como una estampa casi romántica de lo que nos imaginamos es un vecindario de gente que se conoce, se saluda y, por supuesto, que discute y pelea también.

Niños jugando futbol en la calle sin preocuparse por lo que sucede en su entorno, las puertas de las casas abiertas de par en par. Por las tardes no hay una sola calle que no tenga al menos un par de vecinos sentados en sus pórticos charlando. En La Habana tampoco hay un día que uno no se encuentre a un grupo escolar recorriendo un museo o lugar histórico.

El ambiente es una postal para donde sea que uno voltee, las viejas casas dramáticamente afectadas por el paso de los años, pero llenas de vida por la gente que las habita. Por las noches se camina por calles oscuras y barrios populares pero a la vez se está en una de las ciudades con los más bajos índices delictivos en el planeta.

Los cubanos no están ajenos a su situación, saben que la forma en que se vive en otros lugares del mundo es diferente. Muchos anhela que las cosas cambien, y quizá no esté tan lejos este cambio, tal vez no de una forma radical, pero sí poco a poco abriéndose a cosas que hace apenas unos años se veían muy lejanas. Tan sólo el año pasado iniciaba operaciones el primer proveedor de internet en la isla y hoy se puede ver durante todo el día a gente anclada sobre la Avenida 23 (uno de los pocos lugares con wi fi en La Habana) con su smartphone en la mano, así, cubanos y turistas están al pendiente de las noticias del mundo, publican actualizaciones de su estado de Facebook y se ponen en contacto con gente de otras partes del planeta. Los jóvenes cubanos escuchan a los mismos artistas de reguetón que están de moda en República Dominicana o en Puerto Rico, en CDs o en USBs los cubanos se comparten música o series de televisión; así que es común que la plática en el pórtico ahora sea sobre el último capítulo de “El señor de los cielos”. Los jóvenes están dejando de reunirse en el Malecón de La Habana para pasar la noche del viernes en uno de los contados puntos con wi fi, eso sí, después de haber ahorrado durante mucho tiempo para hacerse de un teléfono móvil inteligente y de haber comprado su tarjeta de internet, que por algo así como el equivalente a 2 dólares americanos da una hora de internet.

Nadie sabe hasta dónde llegará la tan anunciada apertura en Cuba, ni cuánto tiempo tardará en cambiar la forma en que vive la gente. Por ahora, los balcones y pórticos de la Habana Vieja seguirán siendo escenario de una charla entre vecinos que discuten sobre series de televisión y los niños seguirán jugando en las calles hasta que cambien la pelota por su primer smartphone.

Salones de jardín, una fresca tendencia.

Una tendencia cada vez más común en los jardines es la creación de los llamados salones de jardín, un concepto que combina elementos de jardinería y de ambientación de las ya tradicionales terrazas. Lo que caracteriza a un salón de jardín es que, a diferencia de una terraza, su montaje puede ser temporal y tiende a tener un estilo más acogedor, similar al de una sala interior. El auge de este tipo de montajes viene con el verano y sus altas temperaturas, que hacen de estos salones una opción fresca y relajada para cualquier hogar.

 

Estos salones son también el lugar perfecto para hacer las veces de una zona de estar donde recibir a tus visitas. Se convierte también en un lugar maravilloso para tomar el café de la mañana o para una cena especial con los amigos más cercanos. Muebles de jardín combinados con cojines y mantas, elementos decorativos de interior, alfombras o mantas, y por supuesto, plantas y macetas que completan este tipo de lugares.

Con la versatilidad de ser un espacio cubierto o descubierto, se puede crear el ambiente especial para un momento mágico y al aire libre. Tampoco se necesita de grandes espacios o grandes extensiones de terraza. Hay versiones de estos salones aplicados en espacios más reducidos, pero creando siempre esta atmósfera de frescura, con plantas y flores que le dan ese toque especial al que seguramente será uno de los lugares favoritos de toda casa.